Durante muchos años, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se asoció principalmente a la infancia. Sin embargo, actualmente sabemos que se trata de un trastorno del neurodesarrollo que puede persistir durante la vida adulta.
Además, su manifestación puede cambiar con el paso de los años. El adulto con TDAH no tiene necesariamente que mostrarse constantemente inquieto o hiperactivo. En muchas ocasiones predominan problemas menos visibles: dificultad para organizarse, gestionar el tiempo, mantener la atención en tareas poco estimulantes, controlar la impulsividad o finalizar aquello que se empieza.
Estas dificultades pueden afectar a las relaciones personales y familiares, pero adquieren especial importancia en el ámbito laboral, donde las exigencias de planificación, concentración, autonomía y cumplimiento de plazos son continuas.
Por ello, identificar correctamente el TDAH en la edad adulta puede resultar determinante para comprender dificultades que algunas personas llevan experimentando durante gran parte de su vida.
¿CÓMO SE MANIFIESTA EL TDAH EN EL ADULTO?
Los síntomas fundamentales del TDAH continúan relacionados con la inatención, la hiperactividad y la impulsividad, aunque su expresión suele modificarse respecto a la infancia.
– Problemas para mantener la concentración durante tareas prolongadas o rutinarias.
– Distracción frecuente ante estímulos externos o pensamientos propios.
– Olvidos habituales de citas, compromisos, fechas o tareas pendientes.
– Dificultades para organizar el trabajo y establecer prioridades.
– Tendencia a procrastinar determinadas tareas.
– Empezar diferentes actividades y tener problemas para terminarlas.
– Mala estimación del tiempo necesario para realizar una tarea.
– Pérdida frecuente de objetos importantes.
– Interrumpir conversaciones o responder de manera precipitada.
– Tomar determinadas decisiones impulsivamente.
– Sensación interna de inquietud o necesidad constante de actividad.
En algunos adultos, la hiperactividad física propia de la infancia disminuye y puede transformarse en una sensación más subjetiva de inquietud, impaciencia o dificultad para desconectar.
No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Para establecer un diagnóstico es necesario valorar no solo su presencia, sino también hasta qué punto interfieren de forma significativa en diferentes ámbitos de la vida y en el contexto de su propia historia psicobiográfica..
Las guías clínicas actuales establecen además, que los síntomas característicos deben haberse iniciado durante la infancia, aunque el diagnóstico no se haya realizado hasta muchos años después, y deben provocar dificultades en más de un contexto, como el familiar, social o laboral.
Así pues, la valoracion de la repercusión de la sintomatologia en el marco vital del paciente, es fundamental para la orientacion diagnóstica.
¿POR QUÉ PUEDE SER DIFÍCIL DIAGNOSTICAR EL TDAH EN LA EDAD ADULTA?
Uno de los principales problemas es precisamente que muchas personas llegan a la edad adulta sin haber recibido nunca un diagnóstico.
Algunas han desarrollado durante años mecanismos de compensación: agendas extremadamente estructuradas, recordatorios constantes, trabajar durante muchas más horas de las necesarias o depender de situaciones de presión para conseguir terminar las tareas.
En otros casos, determinadas dificultades pueden haberse interpretado simplemente como despiste, desorganización, falta de constancia o incluso falta de interés.
Además, la comorbilidad es frecuente, por lo que en ocasiones, varios problemas de salud mental pueden convivir o compartir síntomas con el TDAH.
La ansiedad puede dificultar la concentración. La depresión puede provocar problemas de atención y pérdida de iniciativa. Las alteraciones del sueño también pueden afectar considerablemente al rendimiento cognitivo. Y existen otras patologías psiquiátricas o del neurodesarrollo, que pueden coexistir con el TDAH, o presentar características parcialmente similares.
Por este motivo, el diagnóstico no debería realizarse únicamente mediante un cuestionario o un test de síntomas.
La evaluación requiere una historia clínica y evolutiva detallada, analizar el funcionamiento de la persona en diferentes contextos y estudiar la posible presencia de otros trastornos, que expliquen o acompañen los síntomas.
CUANDO EL PROBLEMA APARECE SOBRE TODO EN EL TRABAJO
El ámbito laboral es uno de los lugares donde el TDAH adulto puede hacerse especialmente evidente.
La jornada profesional exige organizar tareas, recordar instrucciones, calcular tiempos, establecer prioridades, responder mensajes, gestionar interrupciones y mantener la concentración incluso cuando una actividad resulta repetitiva o poco estimulante.
Una persona con TDAH puede ser perfectamente capaz de realizar su trabajo y sin embargo, necesitar un esfuerzo desproporcionadamente elevado para conseguirlo.
Algunas dificultades frecuentes pueden ser:
– Incumplimiento repetido de plazos.
– Retrasos o problemas de puntualidad.
– Errores por descuido.
– Olvido de reuniones, correos o tareas pendientes.
– Dificultad para priorizar cuando existen varias demandas simultáneas.
– Acumulación de trabajo hasta situaciones de urgencia.
– Problemas para mantener la atención durante reuniones prolongadas.
– Dificultades para desarrollar tareas administrativas o repetitivas.
– Sensación de trabajar mucho sin alcanzar el rendimiento esperado.
Investigaciones sobre TDAH y funcionamiento laboral encuentran que, muchos adultos con TDAH, describían la sensación de no alcanzar sus propios estándares, ni desarrollar todo su potencial. Dicha percepción subjetiva se mostraba presente, incluso cuando esas dificultades no se traducían necesariamente en evaluaciones laborales negativas, o pérdida del empleo. Los síntomas de inatención mostraban una relación particularmente marcada con estas dificultades.
Asimismo, también ha relacionado el TDAH adulto con mayores dificultades ocupacionales y, en determinados trabajos, con un incremento del riesgo de accidentes laborales asociado a factores como distracción e impulsividad.
TDAH Y ALTAS CAPACIDADES: CUANDO UNA DIFICULTAD PUEDE QUEDAR OCULTA
Un caso especialmente interesante y complejo es el de las personas que presentan simultáneamente TDAH y altas capacidades intelectuales.
Esta coexistencia se engloba habitualmente dentro del concepto de “doble excepcionalidad” o twice exceptionality: personas que presentan capacidades cognitivas elevadas junto con algún trastorno del neurodesarrollo, dificultad de aprendizaje u otra condición que afecta a su funcionalidad.
Es importante aclarar que tener altas capacidades no impide tener TDAH.
De hecho, una elevada capacidad intelectual puede, en algunos casos, contribuir a compensar algunas dificultades durante años.
Una persona puede resolver determinadas tareas con rapidez, utilizar estrategias cognitivas muy eficaces o conseguir buenos resultados académicos y profesionales, a pesar de sus problemas de organización o atención.
Esto puede provocar una situación aparentemente contradictoria: disponer de una gran capacidad intelectual y al mismo tiempo, experimentar marcadas dificultades para realizar tareas que, objetivamente, parecen mucho más sencillas.
Las investigaciones disponibles apuntan a que un alto coeficiente intelectual, puede hacer menos visibles algunos síntomas y contribuir a retrasar la identificación del TDAH.
“SOY CAPAZ DE HACER COSAS MUY COMPLEJAS, PERO ME CUESTA LO MÁS SENCILLO”
Esta aparente contradicción puede generar especial frustración.
Una persona puede tener facilidad para comprender conceptos complejos, desarrollar ideas originales o resolver rápidamente determinados problemas y, sin embargo, olvidar una cita, no contestar un correo importante, retrasar durante días una gestión administrativa o tener enormes dificultades para organizar una agenda.
Desde fuera, esta diferencia puede confundirse con falta de voluntad o de disciplina. Y para la propia persona, también puede resultar muy desconcertante.
Puede cuestionarse por qué consigue resolver determinadas tareas de gran dificultad y, en cambio, necesita un enorme esfuerzo para realizar otras aparentemente rutinarias.
Cuando esta dinámica se repite durante años, puede provocar sentimientos de frustración, culpa, baja autoestima o la sensación persistente de estar desaprovechando las propias capacidades.
Por ello, en personas con un elevado rendimiento intelectual o profesional, no debería descartarse automáticamente un posible TDAH simplemente porque hayan obtenido buenas calificaciones, desarrollado una carrera profesional satisfactoria o conseguido asumir responsabilidades importantes.
Lo relevante no es únicamente el resultado final, sino también el esfuerzo necesario para conseguirlo y la interferencia que éste provoca en la vida cotidiana.
EL RENDIMIENTO PUEDE OCULTAR EL PROBLEMA
Las altas capacidades pueden actuar, en determinadas personas, como un mecanismo de compensación.
Durante etapas académicas relativamente estructuradas puede ser posible obtener buenos resultados utilizando la rapidez de aprendizaje, estudiando intensamente en el último momento o recurriendo a estrategias personales de organización.
Pero las demandas aumentan progresivamente durante la vida adulta.
El trabajo, las responsabilidades familiares, las gestiones económicas, las obligaciones domésticas y múltiples compromisos simultáneos, exigen un grado cada vez mayor de planificación y autorregulación.
Es en etapas vitales mas complejas, cuando algunas estrategias compensatorias dejan de ser suficientes.
Esto puede explicar que determinadas personas consulten por primera vez en la edad adulta, incluso después de años de buen rendimiento académico o profesional.
La investigación sobre altas capacidades y TDAH sigue siendo limitada y existe todavía una importante necesidad de mejorar las herramientas de evaluación y diagnóstico diferencial en las personas denominadas doblemente excepcionales.
EL DIAGNÓSTICO NO CONSISTE SIMPLEMENTE EN IDENTIFICARSE CON UNA LISTA DE SÍNTOMAS
En los últimos años existe mucha más información sobre el TDAH adulto, especialmente en redes sociales e Internet. Esta mayor visibilidad, puede ayudar a que algunas personas reconozcan dificultades que, hasta entonces, no habían sabido explicar.
Sin embargo, tener problemas de concentración, procrastinar o ser una persona desorganizada no significa necesariamente padecer TDAH.
Los síntomas deben formar parte de un patrón persistente, haberse iniciado durante el desarrollo y provocar una repercusión significativa en la vida de la persona.
Además, es necesario descartar otras posibles causas y valorar la existencia de problemas asociados.
Por ello, los cuestionarios de autoevaluación pueden ser útiles como herramientas orientativas, pero no sustituyen una valoración clínica especializada.
¿CUÁNDO CONVIENE CONSULTAR CON UN PROFESIONAL?
Puede resultar recomendable solicitar una valoración cuando las dificultades de atención, organización o impulsividad, son persistentes y producen consecuencias importantes en la vida cotidiana. Especialmente cuando:
– Existen problemas laborales repetidos relacionados con organización, concentración o cumplimiento de plazos.
– Se requiere un esfuerzo excesivo para mantener el funcionamiento cotidiano.
– Hay una sensación persistente de rendir muy por debajo de las propias capacidades.
– Los problemas de organización afectan a las relaciones personales o familiares.
– Se producen olvidos, retrasos o errores de manera reiterada.
– Surgen problemas emocionales asociados a estas dificultades.
– Existen síntomas similares desde la infancia o adolescencia.
– Presencia de antecedentes familiares
Una correcta valoración permite determinar si realmente existe un TDAH, identificar posibles trastornos asociados y valorar las estrategias terapéuticas más adecuadas en cada caso.
CONCLUSIÓN
El TDAH no desaparece necesariamente al alcanzar la edad adulta.
Sus manifestaciones pueden volverse menos evidentes que durante la infancia, pero continuar afectando de manera importante a la organización, la gestión del tiempo, las relaciones y, especialmente, al funcionamiento laboral.
El diagnóstico puede resultar particularmente complejo cuando la persona dispone de altas capacidades intelectuales. Una elevada capacidad cognitiva, puede permitir compensar determinadas dificultades durante años y contribuir a que el problema pase desapercibido.
Por ello, obtener buenos resultados académicos o profesionales no excluye necesariamente la existencia de TDAH.
La valoración clínica debe analizar no solamente aquello que una persona consigue, sino también cómo lo consigue, cuánto esfuerzo necesita para hacerlo y qué repercusión tienen estas dificultades sobre su vida cotidiana.
Identificar adecuadamente el problema, puede ayudar a comprender dificultades mantenidas durante años y permitir establecer estrategias orientadas a mejorar, tanto el bienestar personal, como el funcionamiento profesional.
Fuentes y referencias
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